Expresiones de desesperanza («no puedo más», «sería mejor no estar»).
- Cambios bruscos de conducta, humor o hábitos (sueño, apetito, aislamiento).
- Desprenderse de objetos personales o «cerrar asuntos».
- Aumento del consumo de alcohol u otras sustancias.
- Un cambio repentino a una calma inusual tras un periodo de gran malestar.
Ninguna señal aislada es diagnóstica, pero su acumulación o intensidad debe activar la escucha y, si procede, la derivación.
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